PIR: la opción más conocida
Los sensores PIR son probablemente los más utilizados. Funcionan detectando los cambios de temperatura que provoca el paso de una persona dentro de su zona de cobertura.
Su principal ventaja es la fiabilidad. Son económicos, fáciles de instalar y ofrecen un control muy preciso del área que supervisan, ya que no atraviesan paredes ni otros elementos constructivos.
Por eso suelen encontrarse en pasillos, baños, vestuarios o pequeñas zonas de paso donde el movimiento es constante y evidente.
El inconveniente aparece cuando la actividad es mínima. Si una persona permanece mucho tiempo sentada trabajando o reunida, el sensor puede interpretar que ya no hay ocupación y apagar la iluminación.